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El verdadero valor de los libros en papel

falkenbergsPertenezo a ese grupo de lectores que se resiste a leer libros en soportes digitales, es decir, a pasarse al e-book, y no es que no me guste la tecnología, como puede confirmarse a través de mi trayectoria, soy una verdadera apasionada de ella, y dedico mucho tiempo a investigar aplicaciones educativas, nuevas extensiones y recursos en abierto para mejorar mi docencia e investigación.  Aprovecho este ataque de sinceridad y pido mis disculpas a los que me regalasteis ese e-book tan bonito, lo he intentado, lo prometo, pero al final lo rifé entre mis hijos, encantados con el regalo…

Y es que no solo disfruto con la lectura sobre papel, actividad que, para ser sinceros, a veces no es tan romántica como la describen. Pensemos, por ejemplo, en esa novela de 400 y pico páginas que hemos arrastrado este verano a la playa, o en nuestras lecturas nocturnas en la cama, no encontrando postura adecuada, lo  que causa  distensiones de muñeca y esguinces cervicales …

Es mucho más que eso, los libros que vamos coleccionando y arrastrando con nosotros (mudanza tras mudanza) son reflejo de la trayectoria de nuestras vidas. No hay emoción mayor, a mi entender, que descubrir de pronto y sin querer aquel libro que nos regalaron como premio en el colegio ( en este caso: “Die fröhlichen Falkenbergs in Tegermünde”)  y leer su dedicatoria firmada por el Director del colegio (y mi querida profesora Frau Bartels), y, a partir de ese momento, recordar tantos y tantos sucesos de nuestra infancia.

O abrir por casualidad ese libro que nos dedicó nuestro padre, ya fallecido, o algún amigo, quizás en un momento especialmente difícil o, al contrario, en un momento alegre de nuestras vidas, y poder recorrer la dedicatoria manuscrita, con buena caligrafía, con esmero, con cariño. Dedicatorias que dejan huella en nuestras vidas, y también en las de nuestros hijos o seres queridos, cuando faltemos nosotros.

Por eso, no logro cambiarme a la lectura en formatos digitales, algo parecido me sucede con las fotografías que tomamos con nuestros móviles y que, la mayoría, acaba muriendo con nuestro teléfono, con obsolescencia programada para 2 o 3 años. Me resisto a ello y soy fan de elaborar álbumes, eso sí, con aplicaciones cómodas y baratas que te los envían a casa.

Y es que lo digital tiende a desaparecer y a no dejar huella o a dejarla oculta, solo accesible para los grandes conocedores de la magia informática.

Bis bald!